El amor necesita dedicación momento a momento, día a día. Los vínculos implican conflictividad y es gracias a esos momentos de crisis que las relaciones evolucionan y nos nutrimos en la oportunidad de compartir la vida con un otro

Parto de la convicción de que las relaciones sanas existen y, a menos que no hayan sucedido hechos que lastimen nuestra dignidad o nuestros valores, estoy segura de que existe la posibilidad de aprender nuevas maneras –más saludables y enriquecedoras- de vincularnos.

Me gusta pensar la Terapia de Pareja como un espacio de ayuda terapéutica, que puede estar disponible no solo en los casos donde sentimos seriamente que “no hay salida”. Pedir ayuda profesional permite ampliar la perspectiva y los recursos para saber afrontar y solucionar las crisis de pareja, volver a las bases de la buena comunicación y evitar el deterioro. Lo cierto es que muchas parejas llegan sintiendo que ya se han gastado todos sus recursos y que fracasan, están muy sensibles, se sienten desvalorizados por el otro, impotentes o angustiados.

Propongo un espacio íntimo, de confianza y neutralidad, donde puedan conversar sobre las dificultades que se presentan en la relación, dejando atrás los discursos cerrados que, como monólogos, solo reproducen la queja y el sufrimiento. Se trata de abandonar la lucha por tener la razón para poder convivir con las diferencias tomando en cuenta lo que cada uno sostiene.

En este proceso los invito a que puedan comprender cómo y por qué han llegado hasta este punto. Desde un abordaje vincular entender cómo es el vínculo que han construido entre ambos, su historia, y a la vez lo que cada uno aporta de su mundo interno: la historia personal, los modelos parentales y el modo particular en que contribuye – sin proponérselo – a ese malestar.

Los cambios son de comportamiento, entonces, más allá de la palabra, hay que poner en práctica, sesión tras sesión, pautas, recursos y estrategias concretas que iremos co-construyendo.

El objetivo es modificar la dinámica desde la cual se relacionan, que puedan cambiar patrones de relación automáticos, ser más flexibles en los pensamientos, juicios e interpretaciones. Es vital saber conversar y negociar y de esa manera redefinir el proyecto que los une. Este proceso implica trabajo y compromiso conjunto. La duración del tratamiento depende del conflicto que se presente. A veces basta con algunas sesiones y otras veces es necesaria una terapia más profunda. Las sesiones se suelen desarrollar con entrevistas individuales con cada uno y entrevistas conjuntas.

Solo a través del respeto y el diálogo se puede volver a generar un clima emocional positivo, recobrar la admiración, la confianza mutua y re-construir espacios de intimidad.

¿Qué problemáticas
puedo ayudarlos a superar?
  • Malos tratos y desconexión emocional
  • Problemas relativos a la paternidad y maternidad
  • Crisis de pareja debidas a cambios del ciclo vital (nacimiento de un hijo, nido vacío, etc.)
  • Discusiones frecuentes generadoras de malestar
  • Nuevos padres: dificultades en la adaptación en esta nueva etapa: crisis de pareja, sentimientos de soledad, depresión post-parto, desencuentros
  • Dificultades en parejas con familias ensambladas
    Vida sexual no satisfactoria
  • Celos, desconfianza, infidelidades
  • Enfermedades crónicas o trastornos clínicos de uno (o ambos) de los conyugues
  • Procesos de separación o divorcio

La terapia de pareja no es sinónimo de fracaso, sino de amor y compromiso, un espacio para crecer, comunicarnos sanamente y reencontrarnos de nuevo.

¿Hablamos?
¿Cómo te puedo ayudar?